Antes de suicidarse, Marga Gil acudió a la casa del poeta a dejar su diario. Tras su muerte, Juan Ramón Jiménez le dedicó un poema:
Marga Gil Röesset
Tu sufrimiento, muerta tú, se ha quedado expandido sobre mí, como el rojo del sol, después de puesto, por la tarde.
Sentimiento sordo, profundo, concentrado, inmenso, como el rojo de la puesta de sol en un crepúsculo eterno.
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